Gina es la propuesta abierta a la ciudad del nuevo alojamiento, en la madrileña Cuesta de Santo Domingo. Dirigida por el chef Matteo Sciacovelli, su objetivo es reunir a madrileños y huéspedes del hotel alrededor de la mesa, el aperitivo y la coctelería a cualquier hora del día. Para ello, se reparte en tres espacios con personalidad propia.
El restaurante es el corazón del proyecto y donde mejor se entiende la cocina de Sciacovelli. Todo gira en torno a un gran horno de piedra que preside la sala y marca el carácter de la carta, que parte de la tradición italiana y la reinterpreta desde el Mediterráneo, con producto de calidad y platos pensados para compartir. Más que un restaurante de hotel, funciona como una trattoria urbana de comidas informales, cenas tranquilas y sobremesas que se alargan.

El bar muda de piel con las horas. Amanece como cafetería para arrancar el día sin prisa; a mediodía se convierte en territorio del aperitivo y al caer la tarde se entrega a la coctelería de autor. Por último, un patio interior abrazado por jardines verticales se convierte en un remanso de calma en pleno centro de la ciudad donde una copa o un café saben distinto bajo la famosa luz del cielo madrileño.

Durante el verano 2026 el proyecto se completa con Oasis, una azotea gastronómica en la séptima planta, asomada a la piscina infinita y al skyline de la capital. Es su cara más luminosa: cocina italiana combinada de forma armónica con la delicadeza japonesa y una estética minimalista pensada para acompañar desde el aperitivo hasta las largas noches estivales.
Más allá del plato
Urban Hive es mucho más que su cocina. Inaugurado en 1954 como sede de Telefónica, ha sido recientemente reformado por el estudio Maison Malapert, quienes han sabido conservar su carácter original y vestirlo con la estética serena de los años cincuenta. Buena parte de ese encanto se encuentra en los detalles: todas las habitaciones están bautizadas con nombres de flores y árboles madrileños y su interiorismo armoniza el roble, el cuero y un diseño contemporáneo con obra de artistas locales.

El viajero de negocios y convenciones encontrará acogedoras y agradables sus salas de reuniones, bañadas de luz natural. La frialdad habitual de este tipo de espacios se ve matizada por maderas cálidas, cerámica de autor y los mismos detalles de artistas madrileños que recorren todo el edificio. Un escenario pensado para que las jornadas de trabajo también respiren el singular espíritu madrileño.


