Estudió moda en Madrid y Milán, pero acabó dedicándose a la decoración junto a su marido, el arquitecto Valentín de Madariaga. El barro llegó tarde y por decisión propia: “Cuando nació mi primer nieto decidí que ya era mayor y tenía que cumplir este sueño que llevaba años posponiendo”. Desde su taller cerca del parque de María Luisa crea vajillas, fuentes y textiles concebidos como un proyecto completo, siempre inspirados en la naturaleza y en su ciudad de adopción. Cada pieza lleva su firma: una pequeña escoba, guiño al apodo familiar que le dio nombre a todo.
El número 11 de CLASSPAPER, ya disponible en nuestra web, kioscos y librerías seleccionados.


