Solo produce, bajo la firma Garcimonte, entre 25 y 30 obras maestras al año que, obviamente, vuelan. Usa materiales valiosos como el colmillo de mamut o el asta de buey almizclero, pero su romance lo tiene con el acero, en la fragua. Sobre el yunque de su taller crea piezas únicas que le ocupan unas 20 horas de trabajo de media. Empezó en este oficio hace 18 años y en este tiempo no solo ha logrado labrarse un nombre en el mundo de los artesanos del cuchillo, sino también convertirse en una especie de eminencia científica de los metales y su comportamiento térmico. Guillermo García del Monte también imparte talleres y es optimista respecto al futuro del sector: “Hay gente joven bastante bien preparada que trabaja muy bien. En los últimos tiempos cada vez se valora y aprecia más el trabajo de artesanía de calidad”.
La ley del cuchillo en el número 10 de CLASSPAPER, ya disponible en nuestra web y en kioscos y librerías seleccionados.

