Cuando se creó el Speedmaster en 1957 ni Omega ni nadie se había planteado la necesidad, ni la posibilidad real, de ir a la Luna. Pero el reloj, diseñado originalmente para pilotos de carreras, lo tenía todo para su certificación por la NASA en 1965: precisión, fiabilidad, legibilidad y fácil uso. Ahora se cumplen 57 años del acontecimiento.
Con estas palabras, dentro de un largo discurso, se dirigía John F. Kennedy a los estudiantes de la Universidad Rice, en Houston, Texas, el 12 de septiembre de 1962: “Hemos decidido ir a la Luna. Elegimos ir a la Luna en esta década”. Menos de tres años después, el 1 de marzo de 1965, la NASA declaró que el Omega Speedmaster era “apto para el vuelo en todas las misiones espaciales tripuladas”. Ese día marcó el comienzo oficial del extraordinario viaje de Omega más allá de la Tierra, desde los alunizajes a muchas de las expediciones más relevantes de nuestra era fuera de la atmósfera. El deseo de viajar a la Luna se materializó en el Proyecto Mercury, el primer programa de vuelos espaciales tripulados por un valiente grupo de pilotos, “los siete del Mercury”. Scott Carpenter, Gordon Cooper, John Glenn, Gus Grissom, Wally Schirra, Alan Shepard y Deke Slayton crearon una nueva profesión en EEUU y establecieron la imagen del astronauta estadounidense para las siguientes décadas.

Cuando el programa finalizó en 1963, los astronautas de la NASA pidieron a Slayton, su director de operaciones, un reloj fiable para futuras misiones. Los relojes eran absolutamente necesarios como elemento de seguridad: si los temporizadores digitales de los astronautas dejaban de funcionar a bordo de la nave espacial, lo único en lo que podrían confiar sería en los relojes mecánicos que llevaran. Por tanto, la calidad de los mismos era esencial.
La NASA ya había iniciado el proceso para reevaluar su equipo de cara a las próximas misiones Géminis y Apolo, así que, en 1964, Slayton emitió una solicitud de cronógrafos de alta calidad y la envió a varias firmas de relojes. De todas las que recibieron el encargo solo cuatro respondieron, entre ellas Omega. Se pidió a cada empresa que enviara tres cronógrafos de pulsera que serían sometidos a los exámenes más exigentes imaginables y debían superar 11 pruebas. El único reloj que las superó con éxito (baja temperatura, resistencia al vacío en ciclos de calentamiento y enfriamiento, humedad, corrosión, resistencia a los golpes, aceleración, baja presión, alta presión, vibración y sonido) fue el Omega Speedmaster ST 105.003, un modelo disponible en tienda. Pero aún quedaba una última prueba para la acreditación: los relojes también debían ser aprobados por los propios astronautas. Ragan entregó a las tripulaciones el Speedmaster y otros relojes para que los examinaran y evaluaran. Sin conocer los resultados de las pruebas, los astronautas eligieron unánimemente el Speedmaster.

CON UN RELOJ DE CALLE
Apenas tres semanas después de que se concediera la acreditación, el 23 de marzo de 1965, el Speedmaster ST 105.003 viajó oficialmente al espacio por primera vez en las muñecas de Virgil Gus Grissom y John Young durante la misión Géminis 3. La única modificación de los relojes fue la adición de una larga correa de velcro que podía llevarse sobre los trajes espaciales. Después del Géminis 3, Ed White llevó el reloj durante el primer paseo espacial estadounidense en 1965 y también la tripulación del Apolo 8, que vio la cara oculta de la Luna por primera vez en 1968. Para 1965, la reputación de Omega en materia de precisión y diseño era excelente. El legendario calibre 321 fue el primer movimiento utilizado en el Speedmaster y se incluyó en todos los relojes que se llevaron a la Luna. Desde 2019 Omega ha vuelto a manufacturar este calibre de la época del Apolo, con sus especificaciones auténticas y originales.
El 20 de julio de 1969, el Apolo 11 alunizó por primera vez en la Historia, cumpliendo la promesa de John F. Kennedy. Neil Armstrong y Buzz Aldrin pasaron dos horas y media caminando sobre la superficie lunar y, en ese momento, el Omega Speedmaster se convirtió en el primer reloj que llegó a la Luna. Desde entonces, ha estado presente en todos los alunizajes y ha sido durante mucho tiempo un elemento esencial del equipo de los astronautas de la NASA.



