Ya sean en edificios o en las calles, todas las escalinatas “requieren visión espacial y han de ser muy cómodas. Las de los espacios públicos generan vida urbana… dan para una tesis”, afirma Marañón. En su concepto de la belleza reinan por igual el orden canónico del Panteón romano como la Alhambra de Granada, “todo lo contrario”. Se queda absorto ante los murales de su mujer, Johina. Ha recorrido el delta del Okavango (Botsuana) y ascendido el Toubkal (Marruecos), pero siempre regresa al Cigarral de Menores de Toledo, legado de su bisabuelo. Para él, “lo importante no es el edificio en sí mismo, sino que sea útil, respetuoso y enriquezca su entorno”.
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