En poco más de dos meses, la firma de Ginebra ha inaugurado dos nuevas boutiques, una en Madrid junto a Joyería Suarez y, ahora, otra en Barcelona de la mano de Joyería Unión Suiza. Ambos establecimientos están situados en lugares estratégicos y ocupan locales a la altura de la prestigiosa manufactura. El de la capital, en la calle Serrano, se distribuye en dos pisos, uno planta calle y otro en la primera, donde una gran sala privada con balcones sirve tanto para atender a clientes como para la celebración de pequeños eventos. La de Barcelona se ubica en el número 111 de Paseo de Gracia donde destacan edificios emblemáticos de estilo modernista como Casa Fusté y El Palauet, y el tráfico se disipa en los Jardinets de Gràcia. La localización en los Jardinets responde precisamente a ese deseo de proximidad con el cliente local, de formar parte del pulso cotidiano de la ciudad y de consolidar una “relación cercana y duradera con quienes comparten nuestra pasión por la alta relojería”, señala Mario Giménez, director general de la firma en Iberia. Patek Philippe Barcelona se instala en la planta baja y el sótano del edificio Mandarin Oriental Residences. Un pequeño rascacielos rotundo y sencillo de líneas cuyo dúplex marcó un récord en el mercado inmobiliario de la ciudad condal.
El espacio, de 300 metros cuadrados repartidos en dos plantas, se ha concebido como un encuentro entre el mundo de la manufactura ginebrina y la herencia artística de Barcelona. Las maderas nobles, como el arce o el palisandro de la India, conviven con referencias directas al modernismo catalán. La más visible es el gran mosaico que da la bienvenida, encargado al artista Pierre Mesguich, afincado en la ciudad, que se inspiró en el Plan Cerdà, el primer trazado urbano ortogonal del mundo. A través de formas geométricas que se entrecruzan, la pieza habla de equilibrio y armonía, dos ideas muy unidas a los códigos de la casa. La misma intención artística llega hasta las salas privadas, una de ellas presidida por una obra en abeto del escultor francés Thierry Martenon, también pensada a partir del universo de Gaudí.

espacio para encuentros reservados con clientes.

ámbar y verde dan la bienvenida a la boutique.
El corazón del local es la escalera que enlaza las dos plantas y regala al conjunto una sensación de movimiento y ligereza. Su pasamanos dorado y la celosía metálica que la envuelve dialogan con el mármol y una luz tenue para crear una atmósfera recogida. La boutique guarda además varias reproducciones de los relojes Dome de la colección de Alta Artesanía y una muestra del savoir-faire de la casa. No es casual que todo ocurra aquí: la filial de la firma tiene su sede en Barcelona desde hace décadas, y sigue siendo hoy su centro de operaciones para España y Portugal.

metálica dorada, uno de los grandes protagonistas del local.
La voz del relojero
Hasta Barcelona se desplazó Thierry Stern, presidente de Patek Philippe y dueño de una de las últimas grandes manufacturas que sigue en manos de una familia. Para él, esa independencia lo explica todo. “Hace 50 años nunca habríamos creído que Patek sería tan fuerte como hoy, y aun así sigue siendo independiente. No se puede trabajar así si no tienes pasión por hacer relojes, pasión por las cosas bien hechas”, afirma. “Los relojes son preciosos, pero el lugar donde se reciben también tiene que serlo, y esta es una combinación perfecta”.

delegado de Unión Suiza y director de la boutique; y Mario Giménez, director general
de la firma en Iberia, durante la inauguración del nuevo espacio.
Esa exigencia explica también por qué no habrá más tiendas como esta en la ciudad. El presidente explica que “Patek produce unos 72.000 o 75.000 relojes para todo el mundo, así que no puedo, ni quiero, abrir más sitios como este. Siempre hay que elegir el lugar adecuado, y hace falta valentía para hacerlo, también para saber contenerse. Creo que será el único en Barcelona”. De la alianza con Unión Suiza habla de un vínculo: “Necesitábamos un socio entregado. Una visión que comparte su socio en la ciudad”. Para César Vendrell, consejero delegado de Unión Suiza y director de la boutique, “la inauguración marca un hito en nuestra colaboración con Patek Philippe y refuerza un vínculo basado en la excelencia, la tradición y una atención profundamente personalizada. Cuando tienes algo así, es más que vender un reloj: es una asociación. Tienen que trabajar duro, entender el producto y saber explicar quiénes somos. Y eso lleva tiempo”.
Cuestión de familia
La cita llega además en un momento personal delicado. Stern perdió a su padre, Philippe, el pasado 14 de junio, a los 87 años. “Así es la vida. A él le gustó mucho todo esto. Le enseñé algunas imágenes y se quedó sorprendido. Cuando hablaba de los proyectos que hemos hecho juntos, estaba contentísimo”, recuerda. La continuidad ya está en marcha: de sus dos hijos, uno estudia en Madrid antes de incorporarse y el otro lleva casi dos años trabajando con él.
Si algo distingue a la casa es su idea del tiempo, que no entiende de modas. “Lo bonito de Patek es que todavía puedo reparar un reloj de 100 años. Desde 1839 podemos arreglarlos todos. La mayoría de las marcas, después de 30 años, se acabaron: hay que comprar uno nuevo. Para Patek, 30 años son un bebé”, bromea. Solo nos pide una cosa: “No se metan al agua con una repetición de minutos. Son los únicos relojes que no son sumergibles, y es decisión mía: podría hacerlos sumergibles, pero el sonido se resentiría”.
De cara al futuro, no muestra inquietud. “Soy independiente, no formo parte de un grupo, así que tengo que cuidarme. Pero estoy confiado. Ahora mismo estoy trabajando para 2032; esa es un poco mi visión”. Y para terminar, una pregunta con juego: dos grandes boutiques en dos grandes ciudades, ¿Real Madrid o Barcelona? Stern no cae. “Me estás tendiendo una trampa. ¿Por qué voy a apoyar a un solo equipo cuando puedo apoyar al fútbol que me gusta? Es mejor verlos a los dos. El que gane se lo merecerá”.


