No hay quien se libre de los efectos del desorden climático que afecta a este vapuleado planeta. Lo saben bien los viticultores del ancho mundo, cualquiera sea su situación geográfica. Pero cuando llega la vendimia, toca arremangarse y recoger las uvas. Llueva, truene, haga calor o arrecien los incendios.
En la región de Champagne, donde se asientan los viñedos más cotizados del mundo –una hectárea en los crus más preciados puede superar los 2,5 millones de euros–, el caprichoso comportamiento del clima tiene consecuencias contradictorias. Al igual que en otras zonas vinícolas septentrionales, el incremento de las temperaturas ha favorecido cosechas más generosas, con uvas que adquieren una concentración y un dulzor impropio para aquellas latitudes. Aunque la dicha esconde otros efectos, menos felices. Porque el calentamiento global pervierte el carácter auténtico de los vinos de cada territorio. Obliga a los viticultores a cambiar su estrategia y extremar el ingenio. Es el desafío de la viticultura en los tiempos que nos han tocado vivir.
El compromiso Champenoise
Los mejores productores del paraíso mundial de los vinos burbujeantes tienen la experiencia, el conocimiento y la pasión para sobreponerse a las mayores dificultades. Su compromiso es inapelable: elaborar vinos únicos; espumosos que han cautivado al mundo perpetuando la magia y la tradición del buen hacer que han heredado de las generaciones que les precedieron.

Aunque basta con probar –y disfrutar– cualquiera de las cuvées de Bollinger para constatar el compromiso que mantiene esta célebre maison con los principios de la excelencia de Champagne y los rasgos de identidad que distinguen a esta compañía, también es cierto que el privilegio de ser testigo del inicio de la vendimia en uno de los viñedos emblemáticos de cuantos atesora esta propiedad, refrenda las claves del legado champenoise y la singularidad que en ese contexto diferencia a Bollinger.
Una ejemplar excepción
Los champanófilos de pituitaria más afilada saben bien que Bollinger es especial por unas cuantas razones. Así lo ha sido prácticamente desde sus inicios, hace casi 200 años, cuando Athanase de Villermont, heredera de una estirpe de terratenientes de la Côte des Bar –reino de la pinot noir–, se asoció con el comerciante alemán Joseph Bollinger y el empresario vinícola Paul Renaudin, estableciendo, en 1829, la firma Renaudin-Bollinger & Cie.

A sus herederos corresponde el mérito de haber conservado el legado de Bollinger a través de los siglos en el seno familiar. Y sin ceder a la voracidad de los grandes grupos, que en las últimas décadas desembarcaron en Champagne para hacer del espumoso más célebre de Francia una bebida de dimensión y consumo global.
Charles-Armand de Belenet, Director General de Bollinger desde 2017, apunta algunas de las razones por las que esta maison es tan especial: «Tenemos un viñedo propio de 179 hectáreas, 85% de las cuales se asientan en Grands y Premiers Crus; la variedad predominante es la pinot noir, que define en gran medida el estilo de nuestros vinos; lo mismo puede decirse de la crianza en botellas de formato magnum; también del añejamiento en algunos de nuestros vinos en barricas, que aporta micro-oxigenación; y por supuesto, los períodos de añejamiento que establecemos, que en muchos casos duplican e incluso triplican los exigidos por la AOC Champagne».

Todos los aspectos que detalla el sucesor de esta ilustre maison –y que le sitúan como una ejemplar excepción en la realidad de Champagne– justifican la pasión que despierta Bollinger entre los amantes de los mejores vinos espumosos del mundo.
La vendimia 2025 fue memorable
Es un momento muy especial en cualquier región vinícola. También en Champagne, por supuesto. Y los responsables de Bollinger son conscientes de que el inicio de la recogida de la uva es mucho más que un proceso agrícola que cada generación repite, año tras año, al finalizar el verano, desde hace casi dos siglos. Se trata también de un ritual, de una celebración. Y de la coronación de un ciclo, que concluye obteniendo los racimos que ofrece la naturaleza tras un año de ardua labor.

Cada año, la maison Bollinger comparte la experiencia del inicio de la vendimia con un reducido grupo de amigos, clientes y prescriptores llegados de todo el mundo, que por una vez en la vida, tienen la oportunidad de vendimiar uno de los viñedos que dan origen a un champagne de leyenda.
En esta vendimia de 2025, el viñedo elegido fue el de Tauxières, conocido por la calidad de la pinot noir, variedad que exprime sus mejores virtudes en el entorno de Aÿ, (el pueblo donde justamente se asienta la sede de la maison Bollinger).
Para un gran amante del champagne como el que esto firma, vendimiar estos nobles racimos ha sido un honor. Y una dura labor, también, hay que reconocerlo: no estoy en forma para estas labores agrícolas, ¡ay!

El premio, eso sí, bien mereció el esfuerzo: una copa de Bollinger PN TX 20, el último blanc de noirs que ha presentado la maison en su colección de ediciones especiales consagrada a la pinot noir, en este caso protagonizada por racimos del mismo viñedo que tanto sudor nos costó. Una maravilla líquida.


