Todo arranca en un paseo con su perra, entre insultos de desconocidos. A partir de esa escena cotidiana, la pensadora del Instituto de Criminología de Liubliana sostiene que la clase dirigente ha ido soltando la máscara de la cortesía, y que su ejemplo funciona como una autorización tácita para que el resto haga lo mismo. Los algoritmos premian el exabrupto, la inteligencia artificial confunde lo cierto con lo falso y ciertos formatos televisivos convierten la humillación ajena en entretenimiento. Aun así, se mantiene optimista: confía en que el pensamiento crítico nos devuelva a una amabilidad elegida, no impuesta.
El número 11 de CLASSPAPER, ya disponible en nuestra web, kioscos y librerías seleccionados.


