Suarez entiende la joyería como lenguaje y parte de la misma tradición creadora que la pintura, la escultura o las artes decorativas. Para ello, reúne piezas de los archivos de la casa y sus colecciones contemporáneas, enfrentándolas a obras de la colección permanente del museo. Al frente del comisariado está Eloy Martínez de la Pera, especialista en moda y arte, quien ha dirigido también en el Museo Thyssen-Bornemisza Sorolla y la moda y Balenciaga y la pintura española.
El recorrido arranca en el pórtico, inspirado en las estructuras que protegen y transportan las obras de arte, donde se presentan los cuatro pilares de la firma, origen, legado, artesanía y contemporaneidad. Preside el espacio Pescadora, de Alberto Arrue, única pintura externa cedida por el Museo de Bellas Artes de Álava, en Vitoria. Fue pintada en 1943, el mismo año en que nació la casa. “Desde entonces Suarez ha acompañado la historia de España, y estamos en la tercera generación”, explica Martínez de la Pera. A su alrededor, gouaches del archivo histórico, herramientas y objetos de taller muestran el camino que precede a cualquier pieza, desde el diseño hasta la selección de la materia prima y el trabajo del artesano.
Más adelante, cada selección de joyas busca su pareja en la pintura por el color, la piedra, el material, la forma o el significado. El retrato de Eleonora de Medici, atribuido a Sofonisba Anguissola, habla de identidad, y el de Carlos II, de Juan Carreño de Miranda, asocia el negro al poder. Raimundo de Madrazo aporta el rojo coral de Consuelo Gaztambide Aguader, y Federico de Madrazo, los tonos nacarados de Gertrudis Gómez de Avellaneda. La Inmaculada Concepción de Claudio Coello y el retrato de Catalina Micaela de Austria suman sus azules y su mirada al mundo natural.

En el Salón Gótico, La tienda de Geniani, de Luis Paret y Alcázar, retrata la joyería como un lugar donde el lujo se contempla y se elige. Junto al lienzo se exponen documentos y fotografías de archivo, el primer reloj Suarez y una antigua campanilla de comercio que recuerdan los comienzos de la casa.
Entre todas las piezas llama la atención Strata. Inspirada en la geometría art déco y en los jardines del Retiro, lleva dos aguamarinas que evocan los estanques junto al Palacio de Cristal y rinden homenaje a Paula Florido, esposa de José Lázaro Galdiano, de quien se dice que el azul era su color favorito. Las esmeraldas recorren la cadena como guiño al verde del parque.

El recorrido culmina con la presentación de Sinfonía, la nueva colección de Suarez, concebida como la expresión más depurada de la identidad de la casa y llamada a convertirse en su nuevo icono. Se inspira en el logotipo que la firma patentó en 1987 y reúne los valores que la han definido desde 1943, el respeto por la artesanía y la búsqueda constante de la belleza. Diseñada por Amaya Hernández, la sala que la acoge es un lugar de contemplación donde la arquitectura y la luz dialogan con la joya para potenciar su presencia. La experiencia sale además a los jardines, donde la pérgola, reinterpretada por Objet Particulier y Nuet, se convierte en un espacio para la conversación.



